Montevideo
iconoclasistas | oct 09, 2009 | Comentarios 0
Invitadxs a realizar una acción en el espacio público cruzamos el charco rumbo a la capital uruguaya que en estos días rebalsa de un colorido y original merchandising electoral debido al comicio que, entre otras cosas, elegirá al próximo presidente el domingo 25 de octubre. Cientos y cientos de banderas, afiches, globos y carteles plásticos, y decenas de portátiles puestos callejeros con abundante folletería daban cuenta de las distintas listas y razones para votar al Frente Amplio (Pepe Mujica) o al Partido Nacional (Luis Lacalle), candidatos que van cabeza a cabeza en la intención de voto de lxs ciudadanxs orientales.
Previendo ese clima de vasta imaginería eleccionaria propusimos a nuestras excelentes anfitrionas de Toll Gallery (Agustina, Eugenia y Mayra) realizar en sus dos “macetas-sala de exposiciones” una suerte de juego que llamamos Metaelección en la que los transeúntes pudieran votar con cualquier objeto dos maneras de pensar la política: la del “Sentido Común” por un lado y la de la “Utopía” por otro. La intervención duraría una semana y luego con los objetos encontrados dentro de cada “urna” pensábamos hacer un análisis (¡lúdico por supuesto!) a manera de cierre de la intervención.
En la noche de la inauguración -pispeando por las ranuras de las improvisadas urnas- vislumbramos una tendencia que comenzaba a dar como ganador al Sentido Común, aunque pudimos ver en la ranura de la Utopía asomar orgulloso, entre pedazos de baldosas rotas, un volantito rosa con la palabra Sí bien grandota apoyando la derogación de la Ley de Caducidad (que amnistía a militares y policías uruguayos que cometieron violaciones a los derechos humanos en la última dictadura militar -1973/1985-, y que también se votará el 25), campaña a la que adhieren miles y miles de uruguayxs con la memoria bien puesta.
Esa misma madrugada manos (o posiblemente pies) anónimxs eligieron destruir las tapas de las macetas y llevarse los objetos (piedras, papeles, puchos, cosas rotas) que se encontraban en ellas. Nuestras amigas montevideanas especularon algún tipo de vandalismo eleccionario, pero nosotrxs pensamos que lo más probable es que haya sido un típico arranque de destrucción de borrachines de viernes a la noche que vieron en las urnas algo así como huevos de pascua con sorpresas dentro. Riesgos que hay que correr cuando se trabaja en la calle, dijimos todxs.
Frustrada nuestra pequeña contribución a la campaña electoral decidimos pasear relajadamente por las calles de la ciudad disfrutando de la fisonomía bohemia y sentimental que la caracteriza pero que lamentablemente, a nuestro parecer de visitantes esporádicos, va perdiendo, para convertirse en una metrópolis calco (misma moda, mismos negocios) de muchas a lo largo y ancho del orden neoliberal que todavía debemos soportar.
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