Reflexiones cartográficas II


Desde el 2006 experimentamos con diversas herramientas de comunicación popular para construir estrategias creativas de resistencia y transformación, que son socializadas, compartidas y recreadas a partir de su difusión por las redes sociales, las publicaciones o los talleres. La particular deriva que van adquiriendo nuestras producciones y el permanente intercambio y articulación con otros y otras han modificado nuestra práctica incorporando nuevos enfoques, recursos y temáticas.

Llamamos “Mapeo Colectivo” (MC) a la apropiación de la técnica de mapeo para ser desarrollada en talleres junto a estudiantes, organizaciones barriales, movimientos sociales, artistas, comunicadores, y todo aquel/lla que se sienta interpelado a pensar colectivamente su territorio.

En muchos sitios de nuestra América se llama a esta técnica “mapeo participativo”, denominación que no nos complace del todo pues consideramos que “lo participativo” implica sumarse a algo pre-existente, mientras que los mapas colectivos se generan durante el espacio de creación colaborativa y son representaciones originales y particulares. Otros conceptos asociados a esta modalidad de trabajo son: cartografía social / crítica / contracartografía / descartografía, etc., todas denominaciones que tienen su propia justificación y que presentan diferencias válidas e interesantes.

Si bien partimos de representaciones hegemónicas (como un mapa catrastal con fronteras prediseñadas) el proceso de construcción e intercambio de saberes le imprime prismas particulares producto de las diversas miradas operantes sobre el espacio. Si se dispone de tiempo los mapas para el taller pueden dibujarse a mano jugando con fronteras y formas, sin embargo es importante aclarar que retomar un mapa oficial es una cuestión clave en, por ejemplo, situaciones de re-territorialización emprendidas con comunidades originarias, donde la necesidad de señalizar con exactitud a partir de las fronteras oficiales se torna acuciante a la hora de volcar esa información como parte de una demanda de reconocimiento territorial presentada al Estado nacional (el caso arquetípico es el proceso impulsado a comienzos de los años noventa en Brasil).

Uno de los desafíos de trabajar con la cartografía es la posibilidad de abrir un espacio de discusión y creación que no se cierre sobre sí mismo, sino que se posicione como un punto de partida disponible a ser retomado por otros y otras, un dispositivo apropiado que construya conocimiento, potenciando la organización y elaboración de alternativas emancipatorias.

Los talleres de MC, tanto en su proceso de construcción como de resultados, funcionan en primera instancia como dinamizadores lúdicos que luego se autonomizan a partir de la autogestión de deseos y necesidades de los grupos, para recrear un protagonismo desafiante que se visibiliza en la heterogeneidad de las voces colectivas participantes.

Un mapa colectivo no crea nuevas fronteras sino que enlaza “lo común” a partir de la constitución de comunidades transitorias. No se basa en separar sino en elaborar un horizonte compartido de sentidos, prácticas, problemáticas y formas de resistencia que no opaque las particularidades. Justamente una de las virtudes de esta construcción colectiva es la posibilidad de articular subjetividades diversas para accionar en la construcción de relatos emancipatorios, disruptivos o inclusivos.

Así el MC es un modo de elaboración y creación que subvierte el lugar de enunciación desafiando los relatos dominantes sobre los territorios para transformar la invisibilidad de saberes, situaciones y comunidades en relatos colectivos críticos. Cuando hablamos de territorio estamos aludiendo no sólo al espacio donde estamos asentados sino también al cuerpo social y a las subjetividades rebeldes.

Consideramos esencial el proceso vivenciado al interior de los talleres, momento fundante que puede -o no- tener una acción o estrategia inmediata posterior al taller y que adquirirá diversas formas que van desde proyectos de intervención urbana, deriva de talleres de mapeo o realización de material comunicacional, entre otros... Claro que lo que sigue a estos puntos suspensivos estará mediado por la organización y las ganas de activar de los/as participantes, casi como una potencia imparable que decantará imprevisiblemente.

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