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El neoliberalismo se apoya en la compleja sincronización de tres procesos: la hegemonía de los medios masivos de comunicación; el declive del hombre público (devenido en sujeto consumidor) y el espacio público como área de paso y no de acción/intervención.
1. La exacerbación del neoliberalismo en los años noventa no sólo tiene un impacto profundo en lo económico, en lo social y en lo cultural; sino también en la subjetividad que acompaña un determinado modo de vida.
La dominancia del dispositivo mercado cambió la forma de interpelación y redujo al sujeto ciudadano a ser un mero consumidor, primando sobre las distintas vertientes de la vida la variable económica.
Si bien la subjetividad dominante de la modernidad tardía es la del consumidor-cliente, en su interior surgen forman de resistencia múltiples visibles en las nuevas formas de organización de los trabajadores por fuera de la burocracia sindical y partidaria; en el trabajo colectivo y articulado entre diversos movimientos sociales; en el surgimiento y la articulación de medios de comunicación alternativos o contrahegemónicos al orden dominante, en las diferentes modalidades de apropiación del espacio público ligadas a la protesta o al reclamo, sólo por poner algunos ejemplos.
2. Los medios masivos de comunicación realizan su trabajo de producción discursiva e ideológica dentro de un marco de prácticas específicas que no reniegan de su condición de empresas con fines de lucro. Como toda empresa organizan la producción en función de la maximización de su ganancia y, además de defender las condiciones generales que permiten su acumulación, instrumentalizan los procesos de recomposición estética del sistema político desde una perspectiva económica. Los medios conforman su agenda cotidiana imprimiéndole un tono particular acorde a la defensa de sus intereses, y la selección de la información está sesgada por lo que Foucault llama la voluntad de verdad, la cual opera como sistema de exclusión en el discurso y no aparece expuesta en la superficie.
La difusión de la ideología de la inseguridad, a la que contribuyen especialmente los medios, incide en un replegamiento de la socialidad y la calle se rehúye como espacio peligroso, de amenaza constante. También, mediante la criminalización de la protesta, los medios intentan crear consenso en la opinión pública para deslegitimar la lucha de los movimientos sociales.
3. El fracaso del keynesianismo-fordismo implicó un desplazamiento hacia el fortalecimiento del capital financiero frente al Estado nacional. El pasaje del Estado al mercado desarticula el tejido social a partir de la disolución de la malla estatal contenedora, e individualiza al ciudadano que ya no ocupa el espacio público para la reunión e interacción con sus semejantes, sino que se recluye en el dominio del ámbito privado en donde ejerce su soberanía. De esta manera, el sujeto queda desprotegido y a merced de los designios tecno-burocráticos del mercado, lo cual implica la reconfiguración de patrones subjetivos y marcos de pensamiento y acción.
En Argentina, y fundamentalmente a partir del establecimiento de la última dictadura militar, asistimos la desarticulación progresiva del espacio público y al creciente traspaso de ciertos ámbitos hacia el sector privado, todo lo cual coadyuva a la disolución de la esfera pública como ámbito de participación popular.
De esta manera el espacio público - lugar donde se organiza la experiencia colectiva - está regulado, vallado, disciplinado, amenazado, mercantilizado.
Esta situación se potencia a partir de la sanción e implementación del Código Contravencional (en enero de 2005) el cual agudiza la prohibición de manifestarse en espacios públicos y refuerza la política de criminalización de la protesta. También regula y sanciona con multas y trabajo público a quien "altera, remueve, simula, suprime, torna confusa, hace ilegible o sustituye señales colocadas por la autoridad pública para identificar calles o su numeración", a quien "impide u obstaculiza la circulación de vehículos por la vía pública o espacios públicos" y por último, a "quien mancha o ensucia por cualquier medio bienes de propiedad pública o privada".
4. En este marco que describimos brevemente, nos propusimos trabajar con la idea de "laboratorio" pensado como espacio de fantasía, de despliegue imaginativo, activismo e intervención; a partir del cual pensar-proyectar-accionar posibles prácticas de respuesta a situaciones que surgen de la deriva diaria por la ciudad.
Contemplamos no sólo la praxis sino también una instancia del no-ser -todavía que alterna la potencia imaginativa encarnada en la subjetividad con el terreno del imaginario social en el cual estamos insertos. De esta manera, no sólo respondemos a necesidades concretas que nos interpelan de manera crucial sino que estamos atentos a aquellas que visualizamos opacas o percibimos como instancias próximas a estallar.
Como espacio de investigación/reflexión sobre el mundo circundante utilizamos la red de internet para (re)crear en microescalas las intervenciones realizadas y los proyectos de futuras praxis.
Se trata de acciones enfocadas sobre temas puntuales trabajados de manera deconstructiva. De esta manera nos enfocamos a brindar instancias visuales y reflexivas que sirvan como plataforma de acciones críticas a ser desarrolladas colectivamente, con un horizonte ideal que contempla la posibilidad de disparar en el otro el pensamiento crítico, la pregunta, la capacidad de asombro, la distancia en el análisis, la acción.
5. Estamos en contra
del monopolio ejercido por el poder, en la difusión de un determinado
y único significado promovido a través de las imágenes
publicitarias y los discursos de los medios de comunicación.
La cultura actual alienta la constitución de un mercado de producción de bienes culturales regidos por una lógica mercantilista. La mercantilización del consumo de bienes culturales tiene su contraparte: la estetización del consumo de bienes en donde el estilo creador pasa a ser patrimonio de creativos publicitarios y agencias de marketing que se arrogan el monopolio en la construcción de significaciones simbólicas. Nosotros consideramos a la cultura como un espacio de lucha política e intentamos habilitar prácticas que le disputen las significaciones sociales
al poder hegemónico.
Propulsamos un combate simbólico para visibilizar los sentidos instituidos y quebrar el orden simbólico
dominante. El gesto "iconoclasista" se asocia a romper con una imagen
mercantil instituyendo un contrapunto simbólico que visibilize
el mensaje oculto mediante estrategias de ruptura.
Estamos por la estrategia del derrumbe de los iconos institucionalizados, dominantes, hegemónicos;
mediante imágenes contrahegemónicas que visibilicen
conflictos creando ruidos, conmoción, pensamiento, reflexión, con gestos simbólicos de protesta puestos al servicio del rechazo
al poder.
La ciudad es nuestro campo de batalla.
La guerrilla comunicativa a través de las imágenes en
el espacio urbano posmoderno, se centra no solo en una acción
meramente destructora, sino en la capacidad de producir nuevos mundos
e imaginarios; con la idea de penetrar en la oscura trama de las significaciones
y religar nuevos sentidos.
Graffitti realizado en el 30 aniversario del golpe militar genocida
de 1976. Título de una película de
Rainer Werner Fassbinder.
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